Archive | noviembre 2016

Editorial Fuerza Nueva, nº 1462

Lo que se avecina

Cuando se lean estas páginas ya habrá Gobierno. O tal vez no. Aunque sí una evidencia: España tiene hoy una Constitución que va a hacer muy difícil la formación de Ejecutivos en el horizonte más cercano. Y eso es así porque los grupos políticos que estableció la democracia liberal tras la ruptura con el régimen anterior, atendiendo a la ley d´Hondt, hacen la operación imposible ante la sucesiva igualdad de fuerzas que concurren a las elecciones, y que obtienen suficiente nivel para influir en los resultados finales. Este problema produce inestabilidad, desenfreno político, hartazgo social y un coste económico que las arcas de un Estado que no ha salido de la crisis no se puede ni se debe permitir.

Este año que llevamos sin Gobierno ha sido bastante más traumático en lo político que en lo económico, porque, a pesar de todo, las cosas han seguido funcionando -aunque mal- en lo fundamental, y lo que tiene que venir, a tenor de lo que el español medio se imagina, puede ser un calvario originado por la cantidad de frentes que habrá que atenderse, los acuerdos forzados que se esperan, las servidumbres que pueden producirse y los “no” que se barrunta surjan hasta debajo de las piedras. Puede ser la feria de Cuernicabra, que es el dibujo que adquirió Picasso en un mercadillo para plagiarlo en su famoso “Guernica”, adefesio pictórico de la fealdad que promueve, como todo en este periodo, un monumento a la manipulación histórica.

Todo llega en un momento crucial de nuestro acontecer, cuando el juicio Gürtel destaca la inmensa corrupción de importantes ayuntamientos y la falta de escrúpulos de bastantes dirigentes políticos del ala derecha del espectro, a la que se une la estela que ha dejado el asunto de los EREs andaluces, forzando a la judicatura a demorar resoluciones e instrucciones para que nunca puedan dictarse sentencias posteriores. Aquí todo se queda en las redacciones de los medios de comunicación, que son los únicos que ganan en esta partida de naipes trucados en que se ha convertido la España oficial: cubren horas y horas de audiencia porque algo tan grave como quedarse con el sudor de los demás entretiene a lectores, oyentes o telespectadores, sobre todo cuando desconocen el alcance moral de estos sucesos y no calibran el desenlace que pueden producir.

Y un detalle de ello es lo que viene registrándose en Cataluña, donde el desafío no tanto al Estado como a España como nación, ha supuesto una vez más el desprecio absoluto a la ley, que estos salteadores de legislaciones y caminos se fabrican  y acomodan según conveniencias, centrándolas en mayorías inexistentes y en la impunidad que proporciona la falta de respuesta de la autoridad competente, que sigue cometiendo la imprudencia, cuando no el delito, de no responder a la reiterada insurgencia  de separatistas, comunistas y afines, que hoy se agrupan en torno a partidos de nuevo cuño pero de antiguo y trágico proceder político.

La reforma de la Constitución se pide para resolver el problema sucesorio, cuando éste no requiere  importancia prevalente cuando hay otros que aconsejan establecer una inmediata acometida. La unidad de España la primera, al verse atacada por la propia carta magna que divide la nación en regiones y provincias de alta o baja procedencia y alcurnia. Esto crea, a la corta o a la larga, enfrentamientos, que ya se viven en Cataluña y Vasconia en el seno de las familias, en las empresas, en el comercio y en la calle. Y eso produce una guerra civil latente que ningún pueblo bien dotado puede soportar, y que la actuación del poder político promueve con su inactividad.

Lo que se avecina, por ello, no es nada ilusionante cuando sugiere que España no está en condiciones de mostrar su rostro más inclinado a la sonrisa o a la esperanza. Si cuando se puedan leer estas líneas ya hay Gobierno, su porvenir es tan incierto como sorprendente, porque nada hace aventurar un camino despejado de guijarros y plantas envenenadas. Y si no lo hay, una tercera convocatoria electoral sería el colmo del desprestigio, de malgastar el dinero público y de certificar, de forma clamorosa, que esta Constitución es anticonstitucional de una nación, de un Estado y de un buen porvenir para un pueblo que se tiene bien merecido después de tanta paciencia por soportar semejante ignominia.

Revista Fuerza Nueva, nº 1462

1462

AÑO L. Número 1.462. Del 1 al 31 de octubre de 2016.

Una carta dirigida -y contestada- por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, relativa a la conocida como Ley de Protección Integral contra la Discriminación por Diversidad Sexual y de Género, una auténtica aberración que muchos padres, como el que escribe, no están dispuestos a tolerar, es la que se asoma a nuestra portada en esta ocasión.

SUMARIO

Piedras de toque

El asunto no está ni mucho menos resuelto:

ETA sigue presente

Por Luis F. Villamea

Opinión

Compromiso irrenunciable:

Paracuellos

Por Pablo Gasco de la Rocha

Documento

La correcta gestión económica como clave de la victoria nacional en la guerra española (I):

Diferencias iniciales entre las dos zonas

Por Antonio J. Monroy y Guillermo Rocafort

Internacional

¿Acuerdo de paz?:

Entrega de Colombia a las FARC

Por Cosme Beccar Varela

Memoria histórica

Otro caso más:

El mito de las 27.000 escuelas construidas por la II República

Por Mª del Pilar Gª Salmerón

Noticias

En la Plaza Mayor de Madrid:

Manifestación patriótica legionaria

Por Redacción

Editorial Fuerza Nueva, nº 1461

80 años de una fecha crucial

Acaban de cumplirse los 80 años del 18 de julio de 1936, fecha de un golpe de Estado que fue en realidad un alzamiento militar y civil al mismo tiempo. Y, como consecuencia de su fracaso, el comienzo de una guerra a la que los Papas le otorgaron el título de Cruzada. Cien días de fuego pusieron a España en la picota informativa y mediática del mundo de entonces, llegando a ser el suceso más estudiado, a día de hoy, después de la II guerra mundial. Recientemente se publicaba un estudio de destacadas universidades en el que se llegaba a la conclusión de que, de no haber existido esa conflagración universal, seguramente la guerra de España ocuparía el primer puesto entre los más destacados acontecimientos ocurridos en la Historia.

No es precisamente éste el caso que nos debe satisfacer, primero, por la dimensión de aquella tragedia, y, segundo, porque de un hecho sangriento para millones de seres que lo sufrieron nunca se puede extraer ninguna clase de beneficio. Pero tampoco estorba que, a la luz de la historia, se dejen algunas cosas muy claras para el devenir de los tiempos. Y más cuando a pesar de las décadas transcurridas, que se van acercando al siglo, los ánimos siguen enconados y el sectarismo y el fanatismo ofuscan las mentes que deberían estar mejor oxigenadas a la hora del análisis, la evaluación o el comentario.

España sufrió, en 1931, un golpe mortal: la fuga de una Monarquía a la que le cumplía la obligación de defenderse por el bien común. No lo hizo, a pesar de haber ganado democráticamente unas elecciones municipales en miles de ayuntamientos. Se llegó a la conclusión, y en ello participaron activamente ex ministros del Rey, de que los grandes núcleos de población habían apostado por la República, en una flagrante irregularidad que por esa misma conducta hubiera eliminado cientos y miles de comicios en el mundo, no sólo en la España de ayer y de hoy. Era como decir, traspasado a la actualidad, que los nueve millones de Madrid, por ser muchos sufragios, valen más que los nueve de Andalucía unidos a los conseguidos en Cantabria, La Rioja y Asturias, por poner un ejemplo comprensible. Es decir, premiar la calidad contra la cantidad, suponiendo que los primeros representasen la calidad suprema, que estaría por ver si hubiera un aparato capaz de medirlo.

Vino la II República, impulsada por intelectuales que después se arrepentirían al ver cómo los partidos obreros y sindicatos tomaban el poder en las fábricas y las armas en la calle, instigados por dirigentes que hablaban de manera patriótica y actuaban de forma revolucionaria, siempre con un ojo puesto en el soviet, ya bien instalado en la URSS y en buena parte del resto de Europa. De ahí vino la insurrección simultánea de Octubre en Asturias -encabezada por el PSOE- y en Cataluña -emprendida por el secesionismo de Esquerra Republicana con la colaboración impagable de los sindicatos marxistas, especialmente del anarquismo-. El Ejército se divide y de ahí viene la conjura contra un régimen republicano que comete la imprudencia de armar a las masas en Madrid para sofocar el levantamiento del cuartel de La Montaña.

Una junta militar nombra a Franco como el más indicado para dirigir el alzamiento, a lo que éste se resiste. No hay que olvidar que el futuro Jefe del Estado, de enorme prestigio ya entre los suyos y en el extranjero por las campañas de África, fue el que resolvió el golpe de Estado de Asturias al servicio de la República. Pero al final acepta, junto a soldados de la talla de Mola -republicano convencido- y otros generales que no mostraron nunca su aversión al nuevo régimen de 1931, sino a los acontecimientos desencadenados en el seno de éste, que a su juicio y al de gran parte de la población española arruinaron la legitimidad que le pudiera quedar.

Esta actitud produjo una guerra que se prolongó en el tiempo tras convertirse en campo de atracción universal, donde el mundo dirimió sus campañas ideológicas más violentas y la Unión Soviética, con la potencia de Stalin, y el futuro Eje con la presencia de Hitler y Mussolini, establecieron sus cuarteles, acusándose mutuamente, hasta el día de hoy, de intervencionismo desaforado. Dicha situación la definió mejor que nadie, ya en plena contienda, el doctor Marañón, uno de los impulsores y postuladores más destacados de la II República: “Aunque en el lado rojo no hubiera un solo soldado moscovita, sería igual: la España roja es espiritualmente comunista roja. En el lado nacional, aunque hubiera millones de italianos y alemanes, el espíritu de la gente sería infinitamente español, más español que nunca. De esta absoluta y terminante verdad depende la fuerza de uno de los dos bandos y la debilidad del otro”. Fue toda una definición.

Revista Fuerza Nueva, nº 1461

1461

AÑO L. Número 1.461. Del 1 al 30 de septiembre de 2016.

No parece que la situación política se aclare, y menos con los mimbres que tenemos en el Congreso de los Diputados, fruto de una Constitución que no permite otra salida que no sea elecciones contínuas y permanentes, que muchos ya ven como inevitables entre “Málaga” y “Malagón”.

SUMARIO

Aniversario

A 80 años del incidente de Salamanca:

Millán-Astray, Unamuno y la inteligencia

Por Fernando Paz

Opinión

Lo que resta por venir:

Lo que está viniendo

Por Pablo Gasco de la Rocha

Documento

Ahora hace 71 años…

Dos holocaustos liberales: Hiroshima y Nagasaki

Por Manuel Morillo

Tema denuncia

A vueltas de nuevo con la Ley de Memoria Histórica:

Carta abierta al alcalde de Soria

Por Jesús Pastor Fernández

Internacional

Entre una mujer de armas tomar y un botarate:

Un pasado que Hillary quisiera olvidar

Por Nemesio Rodríguez Lois

Noticias

18 de Julio en Santander:

80 aniversario

Por Redacción