Editorial Fuerza Nueva, nº 1459

Europa se defiende

El continente europeo ha alcanzado su punto álgido de paciencia colectiva. Han sido muchos años de invasión en todos los terrenos que no han aportado ningún criterio integrador. Europa siempre se ha movido entre los pueblos y naciones que la componen. Marie Curie era polaca, pero, como una francesa más -sin renegar para nada de su nacionalidad de origen-, aportó a la ciencia unos avances indescriptibles para el desarrollo de la humanidad. Y como ella cientos de casos sin tanta resonancia pero todos formando parte de un conjunto civilizador agrupado en torno a los valores de Occidente.

Después ha venido una oleada de seres víctimas de una descolonización precipitada, suicida en algunos casos, que ha invadido ciudades y barrios de las principales capitales europeas, y que, en líneas generales, no ha aportado ningún beneficio laboral -éste fue ofrecido en su día por españoles e italianos principalmente-, que en algunos casos volvieron a sus lugares de origen pero que en muchos otros formaron familias mixtas y felizmente integradas en la vida de distintos países continentales. Fenómeno que se ha revuelto contra sí mismo en la mayor parte de los casos presuntamente  invasores, cuando algún extranjero, con ánimo de ser uno más en esos países, respetando sus formas de conducirse, ha sido tomado por el todo cuando su inocencia personal resultaba absoluta.

Por eso las naciones de la Europa más civilizada se resienten. Y lo hacen en dos vertientes: en la puramente económico-política, y en la moral, con legiones de jóvenes envenenados por teóricos maestros del espíritu islámico que, incluso con un apreciable nivel cultural, adquirido en el continente, se convierten en malhechores y dejan regueros de sangre en cualquier ocasión, buscada con dosis respetables de inteligencia dirigidas por la maldad. Europa, ante este reto, ha aguantado mucho -sus pruebas han sido clamorosas-, siempre alanceadas por gemidos y lamentos de presuntos ecologistas, demócratas liberales crónicos y, desde luego, por toda clase de marxismo residual y fracasado que inunda las universidades europeas en no menor medida que esa otra invasión de la que hablamos.

Tiene que llegar, en pura lógica, lo que Ramiro de Maeztu decía en sus escritos: “Ser es defenderse”. Y comenzar a articular unas fórmulas que gustarán más o menos, según sus definiciones concretas, pero que representan el derecho y el deber a combatir de los pueblos por su propio bienestar y con arreglo a sus tradiciones. No se trata en este caso de un egoísmo interpretado como pieza de escándalo, sino como fórmula lícita, legal, institucional y humanitaria de  proteger la vida de los pobladores históricos de esos pueblos, con tanto derecho o más a vivir sin alteraciones que los que llegan con ansias incluso de hacerla desaparecer.

Austria ha sido el último toque de atención, que tras un recuento final sospechoso ha superado el listón, salvándola del gol el palo de la portería. Se trata del primer país de la Unión Europea, con un nivel económico y político apreciable y con instituciones que desde hace mucho tiempo son pioneras en el aviso del temporal que arrecia sobre el continente. Esto se aprovecha muy bien para establecer las comparaciones facilonas con Hitler, quien era austriaco, y con el III Reich, que siempre fue bien recibido en este país centroeuropeo. Pero aquello fue el pasado, y el presente es otro bien distinto y con peculiaridades propias de una política desordenada, cuando no cómplice con  un proyecto de convivencia que, después de muchos ensayos, se ve que resulta imposible.

Sin ninguna clase de duda la tormenta arrecia sobre Europa, y las consecuentes y próximas citas electorales no harán otra cosa más que certificar el acrecentamiento del proceso defensivo en toda Europa, que no necesita más beneficios sociales de los que disfruta, ni más seguridad para los que trabajan, ni tampoco mejor sanidad de la que tiene, ni mayores prestaciones de las que dispone. Pero este beneficio hay que ganárselo con la conducta de los que llegan, y nunca con la metralleta de los que pretenden aniquilar a los que lo consiguieron con su esfuerzo.

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