Archive | febrero 2016

Editorial Fuerza Nueva, nº 1455

Dos años de ausencia

El 28 de este mes de enero, festividad de Santo Tomás de Aquino, se han cumplido dos años del fallecimiento del presidente y fundador de Fuerza Nueva, Blas Piñar. Su paso por la vida de España quedará reflejado, Dios mediante, en un documental que estamos preparando para conmemorar el 50 aniversario de la Editorial y también como modesto pero fervoroso homenaje a quien tanto dio por los ideales de esta casa: Dios, Patria, Justicia. Una prueba de que está presente en la actualidad más caliente es que no existe día en que cualquier medio de comunicación no haga alusión a él como prueba de coherencia ideológica, y más a la vista de la crisis brutal que vive España en este momento.

Porque han sido muchos años de aviso permanente, en la calle, en teatros y plazas de toros, en estadios deportivos, en televisiones -cuando había lugar-, en periódicos y radios, y en el mismo Congreso de los Diputados y Cortes Generales, ofreciendo alternativas -no sólo denunciando- para contener la deriva suicida hacia la ruptura nacional y el odio a lo más insigne de nuestra Patria. Los dos graves aguijones que hoy sufrimos vienen por ese lado, cuando el proyecto de Estado independiente para Cataluña está en pleno desarrollo, el estalinismo asoma  abiertamente por   distintos focos y la sempiterna derecha se acobarda y mansea o, para ser más concretos, sólo responde cuando se le señala o amenaza con el sambenito de fascista.

A todo esto, a las tropelías contra la memoria histórica, al ocultamiento del millar de asesinatos que hemos sufrido a lo largo y ancho de esta “modélica” y “pacífica” Transición, el fundador de Fuerza Nueva puso su pecho por delante, sin defender ninguna clase de beneficio personal -al contrario, con notable sacrificio económico de él mismo y de los suyos- para responder con gallardía al legado  que nos dejaron nuestros mayores, que no sólo queda circunscrito al más reciente pasado sino a la obra de España en el mundo y ante el mundo, en especial a lo que Ramiro de Maeztu y monseñor Zacarías Vizcarra llamaron la Hispanidad.

Por eso es muy necesario refrescar la memoria según la verdad, y para ello no existe mejor vehículo que documentar nuestros asertos con testimonios inapelables, en una batalla permanente por ocupar una trinchera que no se puede abandonar mientras Dios nos dé fuerzas. Se trata de un combate desigual pero amparado por aquellas palabras del emperador Carlos cuando tuvo que guerrear contra otros reinos dudosamente cristianos: “Que nadie pueda decir jamás que hemos peleado por el botín”. La historia podrá enjuiciar mejor nuestros actos, pero la tozuda realidad impone una conducta exigente a la hora de presentar nuestra fe de vida, que sigue estando en la misma posición que hace medio siglo, cuando un puñado de españoles pusieron este empeño nacional en marcha.

Bien podemos decir, por otra parte, como ya señalábamos en la conmemoración del 40 aniversario, que “seguimos en combate”, protegidos como siempre por esa estela de entrega por España que dejó nuestro fundador, y que así reflejó, brillante y admirablemente, en sus escritos y discursos. Ahí quedan su palabra y su pluma -a veces como único y solitario defensor en las instituciones oficiales y parlamentarias-, de la unidad de los hombres y las tierras de España, cuando los que más tenían que escribir y hablar pactaban lo imposible y sometían a nuestro pueblo a un silencio cómplice o a un ejercicio de vileza.

Que en esta empresa, editora de esta revista, no ha sido así, queda copiosamente reflejado en la línea seguida por su fundador, que, aunque la España más fiel le eche en falta, todos aquellos que seguimos su actuación como algo entrañable y providencial -siempre amparados bajo el manto de la Virgen de España, que aquí veneramos- debemos aprovechar para seguir en el mejor servicio de las ideas fundacionales: Dios, Patria, Justicia.

Revista Fuerza Nueva, nº 1455

AÑO L. Número 1.455. Del 1 al 31 de enero de 2016.

Manuela Carmena está dando la verdadera cara de su ideología política, que tiene mucho que ver con un comunismo militante que, al parecer, no desfallece nunca, a pesar de la edad y de los acontecimientos vividos. Todo hace presagiar como una especie de venganza política que en tiempos de Tierno Galván tuvo visos de inepcia y cretinismo, pero que ahora los tiene de revancha y sospechosa mala voluntad.

SUMARIO

Tema denuncia

Contra de la retirada de la calle Pedro Muguruza:

Desprecio del arte y la cultura

Por Redacción

Opinión

A 35 años del 23- F:

La memoria vivida

Por Pablo Gasco de la Rocha

Hispanidad

Sobre las leyendas negras:

Tres lugares comunes

Por Antonio Caponnetto

Hispanoamérica

En los símbolos de los Estados Unidos:

La herencia de España

Por Alfonso Martínez Rodríguez

Internacional

El triunfo del FN:

Voto contra el paro

Por Arturo de Sienes

Noticias

Con motivo del 42 aniversario de su asesinato:

Homenaje en Santoña al almirante Carrero Blanco

Por Redacción

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Editorial Fuerza Nueva, nº 1454

Carrero en la memoria

Por estos días de hace 42 años -un 20 de diciembre- asesinaban en Madrid, al salir de Misa, a Luis Carrero Blanco, en ese momento presidente del Gobierno español. Muchos analistas políticos y algún historiador han fijado en aquella fecha el comienzo de la Transición política hacia un régimen distinto, que venía ya impuesto desde la Europa que entonces se denominaba del Mercado Común. Fue, qué duda cabe, un hito para nuestra historia contemporánea que aceleró cualquier proyecto preestablecido para España, que todavía en 1973 vivía ajena a los resultados políticos que había arrojado la victoria aliada en 1945. Hubo intentos incesantes para derribar aquel régimen, exclusivamente sostenido por el valor que representaba para esa Europa vencedora contar con un baluarte de toda confianza contra el comunismo y un valladar indiscutible para apoyar uno de los frentes de la guerra fría.

El almirante Carrero era hombre de sólida cultura, muy entendido en el mundo de la información, que apoyaba su valer en una carrera militar, en la guerra y en la paz, que le otorgaba una experiencia política indudable que él puso, con fidelidad berroqueña y entrega absoluta, al servicio de España a través del régimen del 18 de Julio, en el que creía fervorosamente y a través del cual estimaba que era posible otra democracia que no fuese la liberal al uso y abuso de Occidente. Todo esto lo explicaba magníficamente en sus Obras de Juan de la Cosa, pseudónimo con el que escribió una serie de crónicas compiladas en dicho libro y transmitidas en su día a través de Radio Nacional de España. Para ello utilizó el nombre del marino, armador y cartógrafo montañés que, como él, nació en Santoña y puso sus naves y sus mapas a disposición de la Corona para emprender la sublime aventura del Descubrimiento americano.

Se trataba de un hombre de vida ejemplar, dedicado exclusivamente a su trabajo y a su familia y dotado de una formación intelectual que iba mucho más allá, en perspectiva, de lo que cualquier otro político de su tiempo pudiera alcanzar. Había bebido en la cultura occidental, pero conocía muy bien los fallos que esa misma cultura proponía para el desarrollo de Europa y del mundo. De ahí sus críticas a la Inglaterra que históricamente había impedido el crecimiento de España con respecto a sus territorios en América, o a la defensa de Occidente que él plasmó en un libro primoroso y documentado al máximo que tituló Lepanto. Más que la obra literaria de un marino que escribe sobre un episodio naval de alcance universal, parece un tratado sobre cómo se articula la defensa de Occidente que muy bien puede ser trasplantado a la más ardiente actualidad.

Y es que el almirante Carrero parecía contar con un especial dominio de las premoniciones, hasta las más fatales, como fue el relato, que figura en sus Obras bajo el título Un sueño, y que anticipa, casi con rasgos exactos, el sacrificio de su vida. Lo pone en manos de un “hombrecillo escurridizo y viscoso, de risa metálica” al que intentas atrapar pero que siempre se escapa, y que él cifra en ese poder sin rostro que persigue inexorablemente todo lo que lleve un signo cristiano y sobrenatural. De ese episodio parece calcada su voladura en la calle Claudio Coello de la capital de España, cuando salía de otro Santo Sacrificio al que acababa de asistir en la parroquia de los jesuitas de San Francisco de Borja.

Qué duda cabe que, de haber vivido el almirante, la que llamaron Reforma se habría articulado de otra manera, y en ningún modo el oportunismo, que más tarde devino en transformismo, se hubiera apoderado de los conductos sanguíneos del régimen. Carrero tenía talento para dirigir una operación que contaba ya con muchos peones dispuestos al cambio de casaca, de personalidad y hasta de sexo político, y sólo la complicidad y el perjurio hicieron posible aquello que no parecía tan fácil. Fue precisamente el marino santoñés el que apostó más fuerte por la sucesión del Príncipe de España, Juan Carlos de Borbón, de cara al más allá de Franco, para convertirse inmediatamente en motor del cambio y en el principio del fin que ahora se proyecta con un pueblo español en serios apuros.

España estaría hoy en otra dimensión internacional sin perder nada de su idiosincrasia secular, sólo por el concurso de la virtud del gobernante y por su entrega a una verdad religiosa, en la que cree, y a una verdad política, que existe. Pero los agentes invisibles que manejan los hilos del “hombrecillo de voz metálica, escurridizo y viscoso”, hicieron lo posible para acabar con su vida, y también con la esperanza de una España que arrancaba, a la hora de su muerte, con prestigio ante el mundo y con un desarrollo industrial privilegiado. Dicen que con él comenzó la Transición, que ahora se esta acabando según los diputados emergentes que terminan de ser elegidos.

Revista Fuerza Nueva, nº 1454

El Rey Felipe VI dijo recientemente que no era la hora de levantar muros en las relaciones entre españoles, si bien, a tenor de los resultados electorales del pasado 20-D, puede que no sean muros sino paredones, reales o figurados, que todo es posible. De cualquier forma el futuro político que se abre ante los ojos de España no lo tiene ningún otro país de los que hoy forman la Unión Europea.

SUMARIO

Aniversario 20-N

El pasado 20-N 2015:

Día del Dolor en la Plaza de Oriente

Por Juan León Cordón

Opinión

Esto se cae:

Siempre tuvo razón. Le dolió España

Por Pablo Gasco de la Rocha

V Centenario

Teresa de la Hispanidad (y IV):

Dardo de fuego en el corazón hispánico

Por Blas Piñar López

Tema denuncia

Ahora están más vivos que nunca:

Fanatismos pseudo-religiosos

Por Jesús Calvo Pérez

Internacional

Triunfo histórico en Francia:

Frente Nacional

Por Arturo de Sienes

Panorama

Para que los generales se vuelvan locos:

¿Qué ocurre en España?

Por Pablo G. R.

Editorial Fuerza Nueva, nº 1453

40 años sin vergüenza

Hace 40 años que murió Franco, pero parece que fue ayer mismo, porque todo el mundo -bien dicho, el mundo- habla de él. En España para denostarle, por dos razones: porque forma parte de la política oficial de un régimen nuevo que se elaboró con los perjurios del ayer, y porque cuatro décadas es tiempo más que suficiente para inyectar vacunas previsoras. Se dice que de franquismo no queda nada, cuando la realidad es bien distinta: queda aquello mismo que el Caudillo decía que le faltaba a la II República: la razón. Todo lo demás lo tenía: la flota de guerra, las grandes ciudades  y puertos, la industria, el Tesoro, los cultivos…

Eso precisamente es lo que dejó aquel Jefe del Estado el día que murió, pero transformado: la flota no fue nunca mejor desde antes de la guerra de Cuba; las grandes ciudades (Barcelona, Bilbao), nunca alcanzaron mayor progreso; la industria llegó a situarse, de no estar siquiera en la lista de países industrializados, en el noveno puesto mundial; el Tesoro, que desapareció de las arcas del Banco de España, llegó a incrementarse por el concurso de un 7% sostenido de crecimiento, y la agricultura conoció proyectos hechos realidad que convirtieron secarrales inmensos en campos donde se cultivó el arroz. Y, además, creó una Seguridad Social impresionante que es la estrella mediática de los Estados Unidos -todo el mundo pregunta por ella-; abrió las compuertas de cientos de presas de agua para el consumo y el riego -”vivimos de las rentas”, dijo el primer ministro de agricultura socialista en 1982-; consiguió la vuelta de la mayor parte del exilio; estableció -con muchos sinsabores y acechanzas de empresas sin escrúpulos- la red de autopistas; combatió el terrorismo con la ley, no con cal viva, y llevó a cabo una política exterior de lujo, en especial con los cuatro ejes que le incumben a España: Hispanidad, Mundo Árabe, Gibraltar y Portugal.

Decir por ello que de franquismo no queda nada en la España de hoy es, además de un concepto sesgado de la realidad, una torpeza infinita. Continuamente oímos todavía por la calle algo que, aunque lleva un punto de comentario jocoso, no deja de obedecer a la realidad comparativa: “Esto con Franco no pasaba”. Y no se dice porque entonces se ejercitase un abusivo empleo de  autoritarismo, sino como aserto de seriedad en la función pública. Aunque, eso sí: jamás se leerá, verá o escuchará en medios oficiales o privados de comunicación algo que haga alusión a ello: sólo surge en los comentarios de la calle, y generalmente por la clase media española que surgió durante el periodo, que no llegó a 40 años, de Francisco Franco al frente de la Jefatura del Estado.

En cambio hay que escuchar sin sonrojarse que Felipe González fue un gran estadista -sin conocerle un sólo mérito, más que el principio de la corrupción hecha gobierno-, que Suárez fue el gran gobernante católico de la Transición hecha ley -con el perjurio y el divorcio a sus espaldas-, que Aznar fue el gran artífice de la economía nacional, con una libertad mercantil desatada y suicida sin frenos correctores, más una obediencia canina a los Estados Unidos para colaborar en una barbaridad a escala universal, y que Rodríguez Zapatero fue el artífice de un socialismo de cara moderna, con un Estatuto de Cataluña a sus espaldas que produce vértigo y con una crisis que ha dejado a España en el nivel 21 de Desarrollo Económico, y que motivó la utilización de forceps para entrar en el G-20 de los países más importantes del mundo.

Sólo las personas con cierta capacidad de discernimiento e información pueden alcanzar, con el paso de los años y de las generaciones, el suficiente criterio para admitir una evidencia: España ha ido creciendo en población en estos 40 años sin Franco, y también en desarrollo, principalmente por los inmensos avances de la tecnología y por las ayudas de las grandes organizaciones globalizadas. Pero también es oportuno no comentar, sino afirmar, que de haberse llevado a cabo la reforma perfectiva de aquel régimen -que es lo que estaba jurado y no lo que se perjuró- hoy España tendría completada su red de Alta Velocidad, de autovías y carreteras regionales y comarcales, su Plan de Vivienda para todos y la agricultura más competitiva internacionalmente, aunque en este terreno se hayan sabido aprovechar mejor las rentas del pasado.

Y desde luego es impensable que un periodo que ha ocupado los últimos 40 años de España haya sido traspasado por el terror de mil tiros en la nuca de personas inocentes, de miles de heridos y mutilados por esta causa, de obispos cómplices con pistoleros arropados por hermanos en el episcopado, con una Iglesia pasto del secesionismo más virulento y desquiciado y con un Jefe del Estado enquistado en el hedonismo vividor y en el comisionismo compulsivo. Pujol le llamaba “corruptor” a Franco, y el Rey emérito ha puesto a quien le debe todo -sin quererlo, sino todo lo contrario-, en el lugar más alto de todos los pedestales que bajo su mirada y consentimiento se han desmantelado. En suma, 40 años sin vergüenza.

Revista Fuerza Nueva, nº 1453

AÑO XLIX. Número 1.453. Del 1 al 30 de noviembre de 2015.

Se cumple el 40 aniversario de la muerte de Francisco Franco. Desde entonces, una monarquía parlamentaria se hizo cargo de la jefatura del Estado, con distintos gobiernos, de variado signo, que han llevado a España del noveno puesto entre los países industrializados al veintiuno en desarrollo económico. Y en lo político, sobre amnesias y perjurios, se ha edificado un perfil que pone a nuestra nación en una de las situaciones más difíciles de su historia.

SUMARIO

Piedras de toque

La guerra comenzó hace mucho tiempo:

¡A buenas horas!

Por Luis F. Villamea

Aniversario 20-N

A la figura de Franco:

Lo que todos le debemos y algunos no quieren reconocer

Por Blas Piñar Gutiérrez

Aniversario 20-N

Para conocimiento de los gobiernos de la Transición, especialmente el de Aznar:

Carta de Franco a Johnson

Por Francisco Franco Bahamonde

Aniversario 20-N

La otra cara:

¡España 40 años sin Franco!

Por Francisco Torres García

Internacional

Francia y el mundo en guerra:

Terror en París

Por Arturo de Sienes

V Centenario

Teresa de la Hispanidad (III):

Su fruto fue sazonado

Por Blas Piñar López