Editorial Fuerza Nueva, nº 1444

Una nueva prédica

A un año del fallecimiento de nuestro fundador, Blas Piñar, bien merece la pena recordar el futuro que tendrá el redescubrimiento, que a veces se produce a título individual, de su pensamiento político. Un repaso somero a la actualidad nos mostraría la validez de su denuncia sobre el régimen constitucional de 1978 que conlleva la autodestrucción de la nación española; el acierto al subrayar que el régimen de 1978 no era sólo profundamente antinacional sino también marcadamente antisocial; que la Transición como ideología, como marca propagandística, ha llevado a millones de nuestros compatriotas prácticamente a renunciar a ser españoles.

Recordamos cuando en unas jornadas de Fuerza Nueva, todavía en el régimen de Franco, Blas Piñar afirmaba que “o nuestro Estado es social o no es nada” criticando a las oligarquías  dominantes. Ése era el Estado que hizo suyo el mensaje de ni un español sin techo, sin lumbre y sin pan. Hoy los españoles, sin embargo, que viven en un régimen antisocial, se encuentran sin pan y sin techo, y miran a España, a su Patria, como decía Franco, más que como madre como madrastra.

Asistimos hoy con dolor a una crisis de hondo alcance político, nacional, económico y social. Vivimos este tiempo con desazón porque no vemos ni capacidad ni instrumentos de reacción. Comparamos con lo que hemos vivido en primera línea de la política y nos asemejamos al hombre en desazón. Como Fuerza Nueva hicimos frente a la situación de crisis nacional que nos sacudió a finales de los setenta. Pero entonces existían referentes. Fueron los años que llamaron del desencanto frente al sistema. Entonces todavía los españoles aún tenían referentes que llevaban al ingenio popular a dejar en los muros frases como aquella de “Vuelve Franco aunque sea de sargento”. Cientos de miles de españoles volvieron sus ojos hacia nosotros. A finales de los ochenta se rodó una película documental sobre la Transición donde las referencias a Fuerza Nueva eran profusas y nada agradables. Sin embargo, en un momento determinado, la narración refería que FN había comenzado a ser un problema, no por su “fascismo” o por su “franquismo”, sino porque estaba atrayendo a sus filas a españoles más allá de las etiquetas de izquierda o derecha. Por eso fuimos objeto de persecución y de maniobras que algún día habrá que explicar debidamente encaminadas a eliminarnos políticamente.

Pero también nosotros no somos capaces de encontrar un camino, porque nos empeñamos en desoír aquello que, siguiendo a Ganivet, tantas veces repitiera Blas Piñar de “no ir fuera, no buscar fuera, no mirar allende de los Pirineos, sino buscar las soluciones en nosotros mismos”.

Por todo ello, en este tiempo azorado que se abre, ha llegado el tiempo de dejar de pensar como lo que no somos, de volver con humildad la vista a nuestros orígenes, a aquel monasterio de Cuenca donde empezamos; al impulso que nos llevó a fundar una editorial y una revista, a poner en marcha un movimiento y una fundación, a enfundarnos en el hábito del misionero y a llevar por los caminos una nueva prédica para ganarnos a esos españoles desesperanzados que repudian la comodidad burguesa que nos asfixia.

En ese caminar no vamos a estar solos, porque allá en lo alto, en esa guardia en los luceros que tantas veces invocamos, van a velar por nosotros nuestros tres capitanes, Francisco Franco, José Antonio Primo de Rivera y Blas Piñar.

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