Editorial Fuerza Nueva, nº 1440

Pujol “el corruptor” o el arquetipo de la casta

Hay quienes quieren conformarse o intentan conformarnos con la imagen, un tanto torrentiana, de un Pujol que manejaba desde su despacho el cobro de comisiones, del famoso 3% o más. Hay quienes se contentan con la imagen del mafioso al estilo siciliano para el que lo importante es la familia y los amigos. Hay quienes buscan convencernos de que estamos ante un “golfo” más de los muchos golfos que pueblan la política española, casi una anédota… En realidad Pujol no es más que una consecuencia lógica del actual sistema político español sin el que hubiera sido inviable.

La biografía política de Jordi Pujol, que como buen totalitario identifica el interés general con el suyo particular, un hombre que hace mucho debería haber estado entre rejas, no es una anomalía en la España actual. La biografía de Pujol estaba salpicada de sospecha de corrupción, de probable enriquecimiento ilegal, desde los lejanos tiempos de Banca Catalana en los que el sistema decidió que era mejor blindar a Pujol que sentarlo en el banquillo, porque el nacionalismo, y conviene recordarlo, forma parte del sistema político español, es consustancial a él como instrumento de desintegración del concepto de España y por ello se le ha mimado, se le ha protegido y se le ha tolerado el chantaje para poder mantener la estabilidad política del bipartidismo.

Vivimos en un régimen corrupto. Un sistema en el que la corrupción ilegal, alegal y paralegal impera. La corrupción millonaria y esa otra corrupción de baja intensidad que atraviesa España desde el pueblo más pequeño de Andalucía hasta la familia de Pujol. La corrupción alegal de la llamada de teléfono para poner macetas que convirtió en emprendedora de éxito a la altiva Ferrusola. Los dineros que “presuntamente” son destinados a los partidos y que se pierden en manos de los tesoreros. Y dentro del sistema el régimen nacionalista que soporta Cataluña desde hace prácticamente cuatro décadas creado por Pujol es ejemplo perfecto de la putrefacción del sistema.

Durante décadas, hoy ya parece que han optado por obviarlo, se ha intentado convencer a los españoles que donde había corrupción era en el régimen de Franco y que el enriquecimiento partía del propio Jefe del Estado. Probablemente para evitar que los españoles miraran hacia el régimen actual. Hoy a pocos importa lo que aconteciera en aquel tiempo pero no pocos han llegado a la conclusión que es el sistema, la casta, el que nos roba. Tiene su poso de justicia histórica el hecho de que Pujol fue arrestado durante el franquismo tras la heroicidad de lanzar unos panfletos. Acusaba a Franco de “corruptor”, quizás como venganza porque Franco, vía Boletín Oficial del Estado, ya había puesto a los Pujol en la lista de los evasores. Hoy nadie duda que Pujol es un político corrupto que ha esquilmado Cataluña y por tanto el verdadero retrato del “corruptor”.

El sistema ha dejado caer a Pujol, como está enjuiciando al yerno del anterior rey de España, aunque para ello haya utilizado los líos de faldas de uno de sus hijos. Pero lo que ahora quieren evitar es que sea el ejemplo arquetípico de la casta política española.

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