Archive | marzo 2014

Editorial Fuerza Nueva, nº 1435

La estela de la verdad política

Ha sido un auténtico vendaval de Misas, sufragios, escritos y muestras de adhesión a su vida y a su obra lo manifestado tras el fallecimiento de Blas Piñar. Y lo ha sido en varios continentes, no sólo en España. En cualquier caso se trata de una muestra relevante de lo que significa enarbolar una bandera durante larga vida dedicada a tres grandes ideales -Dios, Patria, Justicia- expresados en uno solo: servicio y sacrificio por la verdad política. Y más si ésta se expresa, con la palabra y con la pluma, de forma brillante y, además, se defiende en la calle, con riesgo personal y sin importar el signo político de los distintos gobiernos.

Ése ha sido durante siglos el gran ideal de los políticos íntegros, como santo Tomás Moro -que monseñor González Chaves reflejó en varios momentos en su homilía del funeral de Los Jerónimos- o de José Antonio, cuando desde el momento fundacional del teatro de La Comedia dejó bien sentado que su movimiento se tenía que inspirar sobre la verdad política, que Juan Jacobo Rousseau aseguraba que había dejado de existir como entidad permanente de doctrina. Blas Piñar se abrazó a ese ideal y de ahí las multitudes que lo aclamaron, los centenares de miles de seres que le siguieron en varios continentes y la inquina y la salida de quicio de los gobiernos -incluido alguno del régimen anterior que no era fiel a sus principios-, especialmente todos los de la Transición, que maquinaron a placer para destruir su empeño.

Pero hoy queda una estela inconfundible que sellará una manera de actuar en la vida personal y en la pública, porque no hay que olvidar que el fundador de Fuerza Nueva tuvo el acierto, bien amarrado al ideal, de no hacer nada que estuviese fuera del marco del magisterio tradicional de la Iglesia, a la que proclamó de tal manera que también hizo torcer el gesto de tantos y tantos clérigos, con autoridad episcopal en algunos casos, que han tenido gran parte de culpa de que aquella Constitución de 1978, votada por la mayor parte de ellos con alborozo -excepto ocho obispos y un cardenal-, haya destrozado y aniquilado las defensas morales de un pueblo creyente que, sin darse cuenta, o dándosela en algunos casos, pero en cualquiera de ellos siguiendo la senda de sus pastores, ha abandonado el rebaño para entregarse al mundo de la nada.

El resultado ha sido una ruina para España, que arrastra desde aquellos años 70 una carga que en otros tiempos, incluso en los más difíciles, había superado por el concurso de unas generaciones bien formadas que no tuvieron reparo en empuñar incluso las armas cuando lo más sagrado de la vida de las personas era arrastrado y anegado por voces políticas enloquecidas por el brillo creciente del marxismo, bien sujeto por el sustento y las consignas de un Estado soviético que aspiraba a gobernar en el mundo a través de sus agentes indígenas, pero imbuidos del modo de ser y actuar de Stalin. Para ello hubo una guerra que los Papas proclamaron como Cruzada y que culminó con una victoria de las armas que este Primero de Abril cumple su 75 aniversario.

Blas Piñar fue el gran defensor de esa fecha, que explicó y difundió en estadios y plazas de toros, en periódicos -cuando le dieron la oportunidad- y en televisión, en las Cortes de Franco -cuando hasta sus mismos procuradores ya no creían en ella- y en el Parlamento de la monarquía liberal que había jurado los principios del régimen del 18 de Julio y también los del régimen actual, diametralmente opuestos a los anteriores y en cualquier caso beligerantes contra su ideal y su memoria. A este juego se opuso con toda la fuerza a su alcance disfrutando del éxito clamoroso de sus convocatorias pero defraudado y entristecido cuando a la hora del voto la influencia del poder político se confabulaba, a veces en rigurosa exclusiva, para destruir su mensaje.

Por ello es tarea de los que recibimos su enseñanza tratar de mantener en pie esos ideales, no sólo en lo público sino en lo personal, recurriendo a su palabra y a sus escritos a fin de extraer lo necesario para mantener en pie aquella bandera que recogía y recoge los tres grandes motores de nuestra vida -Dios, Patria, Justicia-, que por otra parte fueron los que engrandecieron la obra evangelizadora y civilizadora de España.

Revista Fuerza Nueva, nº 1435

En este número comienza una serie de varias entregas sobre la fundación y primeros pasos de esta Editorial, cuyo primer acto fue el de fundar esta revista de la mano de Blas Piñar, quien estuvo al frente desde el primer instante y así queda reflejado en esta crónica inicial. En la misma se escribe acerca de la reacción de Franco ante las muchas personas que recibía e iban a malmeterle sobre la presencia del fundador de Fuerza Nueva en la vida política.Portadilla