Editorial Fuerza Nueva, nº 1433

El otro aborto

 

El Partido Popular, de la mano de su ministro de Justicia, Alberto Ruíz Gallardón, ha presentado en sociedad la primera Ley del Aborto de la derecha española. Una ley que, contraviniendo el marco constitucional, despenaliza de hecho el aborto y que, por mucho que se afirme, no supone restricción alguna; incluso en aquellos aspectos que por indicación de las Naciones Unidas, para proteger al deficiente o discapacitado y cerrar la puerta a la eugenesia, eliminaba uno de los supuestos clásicos que permitían el aborto en España. Con la trampa de ley ejecutada por el equipo de Gallardón, lo que aparente y teóricamente se ilegaliza pero no se penaliza se burla de ello al mantener como supuesto el peligro psíquico como componente de riesgo para la salud de la madre, argucia en la que se escuda el 98% de los abortos que se producen en España. Eso sí, para lavar la conciencia se establece la doble firma del facultativo para garantizar la existencia de ese riesgo. Pero cualquiera sabe que eso no será un problema en un negocio que mueve al año decenas de millones de euros.

Si bien, parcialmente, supone una vuelta a la ley de supuestos derogando la ley de plazos de la socialista Aido, en la práctica incluso amplia los plazos pues se puede cometer el asesinato legal hasta las 22 semanas. Lo curioso es que tanto el PSOE, que se inventó aquello de Interrupción Voluntaria del Embarazo para evitar utilizar el término claro y definitorio, que provocaba rechazo, de aborto, como el PP rehuyen llamar a las cosas por su nombre para ocultar algo tan simple como que lo que hacen es legalizar un crimen. Así, la Ley Aído se llamó “Ley de salud sexual y reproductiva y de interrupción voluntaria del embarazo”; y, con el mismo propósito, la ley del PP que debía dar la impresión de que era una ley contra el aborto, se denomina “Ley de Protección de la vida del concebido y de los derechos de la embarazada”.

 Algunos ingenuos, incluyendo la mayor parte del voto católico, que viven con la venda puesta con gusto en los ojos, creyeron y siguen creyendo que el PP, con su mayoría absoluta, iba a poner fin al aborto. Esa era la música avalada por el apoyo incondicional de los muchos que con alzacuellos invitan a votar al partido abortista de derechas. 

Con la nueva Ley volvemos a un modelo en el que no se considera el aborto como un derecho, pero que en la práctica lo mantiene como tal. Es más, a la larga, conforme se ponga en práctica, se reconoce indirectamente que el aborto es un derecho porque la Ley se denomina de “derechos de la embarazada” y al admitir la posibilidad de abortar se está reconociendo la existencia de ese derecho.

Con esta nueva ley presentada por la derecha, bendecida a la inversa por la oposición de la izquierda parlamentaria y callejera, el PP, que tiene como horizonte ganar como sea las próximas elecciones europeas al PSOE, busca contentar a su sector más ideológico, a su núcleo duro, para evitar cualquier posible fuga de votos. Y es que al final la reforma Gallardón está regida por el mero cálculo electoral, aunque a algunos dirigentes populares les hubiera parecido mejor una ligera reforma en la Ley Aído para evitar que se les tache de antiprogresistas. Y en conseguir que se paralice la nueva ley, también por intereses electorales, están muchos de los principales dirigentes del PP.

 

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