Archive | enero 2014

Comunicado de Fuerza Nueva Editorial tras el fallecimiento de su fundador, Blas Piñar

En la madrugada de ayer, Día de Santo Tomás de Aquino, murió a los 95 años Blas Piñar López, fundador de esta casa en 1966. En la mañana de hoy ha recibido cristiana sepultura en el Cementerio de su Toledo natal rodeado de su mujer, hijos, nietos y biznietos. En primer lugar, queremos agradecer las innumerables condolencias y muestras de afecto recibidas desde todos los continentes recordando sus valores y su persona.

Han sido muchos años en los que hemos tenido el privilegio y la responsabilidad de formar parte junto a él de Fuerza Nueva Editorial. Casi 50 años de trabajo constante, de 1433 números de la revista editados sin fallar nunca en cualquier situación, de decenas de libros, de cientos de actos políticos, culturales y conferencias, y de miles de vivencias juntos hasta el último momento. Inclusive el viernes pasado, siendo totalmente consciente de la actualidad, nos escribió su último artículo que verá la luz en el próximo número especial de nuestra revista dedicado a nuestro fundador. Alguien cuya formación, integridad y cercanía profesaba admiración a propios y extraños. Una persona que no entendió de conveniencias, sino de coherencia, honestidad y familia. Un caballero español.

Así las cosas, hoy más que nunca estamos seguros de que desde ayer un amigo de verdad nos guarda sobre los luceros. Que aquellos principios sobre los que hace 48 años comenzó a andar Fuerza Nueva son eternos, y por ello están más vigentes que nunca. Asimismo, emplazamos a todos los interesados a la Misa que tendrá lugar en Madrid en los próximos días por su eterno descanso, y de la cual avisaremos con tiempo a través de nuestros medios. Rogamos una oración por su alma. Su ejemplo y su memoria nos contagian para seguir adelante. En el lugar habitual, con lealtad frente a la adversidad, y con nuestros valores de siempre: Dios, Patria y Justicia.

DESCANSE EN PAZ

 

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Editorial Fuerza Nueva, nº 1433

El otro aborto

 

El Partido Popular, de la mano de su ministro de Justicia, Alberto Ruíz Gallardón, ha presentado en sociedad la primera Ley del Aborto de la derecha española. Una ley que, contraviniendo el marco constitucional, despenaliza de hecho el aborto y que, por mucho que se afirme, no supone restricción alguna; incluso en aquellos aspectos que por indicación de las Naciones Unidas, para proteger al deficiente o discapacitado y cerrar la puerta a la eugenesia, eliminaba uno de los supuestos clásicos que permitían el aborto en España. Con la trampa de ley ejecutada por el equipo de Gallardón, lo que aparente y teóricamente se ilegaliza pero no se penaliza se burla de ello al mantener como supuesto el peligro psíquico como componente de riesgo para la salud de la madre, argucia en la que se escuda el 98% de los abortos que se producen en España. Eso sí, para lavar la conciencia se establece la doble firma del facultativo para garantizar la existencia de ese riesgo. Pero cualquiera sabe que eso no será un problema en un negocio que mueve al año decenas de millones de euros.

Si bien, parcialmente, supone una vuelta a la ley de supuestos derogando la ley de plazos de la socialista Aido, en la práctica incluso amplia los plazos pues se puede cometer el asesinato legal hasta las 22 semanas. Lo curioso es que tanto el PSOE, que se inventó aquello de Interrupción Voluntaria del Embarazo para evitar utilizar el término claro y definitorio, que provocaba rechazo, de aborto, como el PP rehuyen llamar a las cosas por su nombre para ocultar algo tan simple como que lo que hacen es legalizar un crimen. Así, la Ley Aído se llamó “Ley de salud sexual y reproductiva y de interrupción voluntaria del embarazo”; y, con el mismo propósito, la ley del PP que debía dar la impresión de que era una ley contra el aborto, se denomina “Ley de Protección de la vida del concebido y de los derechos de la embarazada”.

 Algunos ingenuos, incluyendo la mayor parte del voto católico, que viven con la venda puesta con gusto en los ojos, creyeron y siguen creyendo que el PP, con su mayoría absoluta, iba a poner fin al aborto. Esa era la música avalada por el apoyo incondicional de los muchos que con alzacuellos invitan a votar al partido abortista de derechas. 

Con la nueva Ley volvemos a un modelo en el que no se considera el aborto como un derecho, pero que en la práctica lo mantiene como tal. Es más, a la larga, conforme se ponga en práctica, se reconoce indirectamente que el aborto es un derecho porque la Ley se denomina de “derechos de la embarazada” y al admitir la posibilidad de abortar se está reconociendo la existencia de ese derecho.

Con esta nueva ley presentada por la derecha, bendecida a la inversa por la oposición de la izquierda parlamentaria y callejera, el PP, que tiene como horizonte ganar como sea las próximas elecciones europeas al PSOE, busca contentar a su sector más ideológico, a su núcleo duro, para evitar cualquier posible fuga de votos. Y es que al final la reforma Gallardón está regida por el mero cálculo electoral, aunque a algunos dirigentes populares les hubiera parecido mejor una ligera reforma en la Ley Aído para evitar que se les tache de antiprogresistas. Y en conseguir que se paralice la nueva ley, también por intereses electorales, están muchos de los principales dirigentes del PP.

 

Revista Fuerza Nueva, nº 1433

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SUMARIO Nº FN 1433

La situación actual de España, tal y como la conocemos, da la sensación de que se encuentra apoyada en muletas, no sólo en lo relativo a movilidad física sino política y moral. Por eso nuestros colaboradores ponen enfásis en los resultados, que ahora se reflejan, de una Transición que, primero, de pacífica no tuvo nada y, segundo, fue un fraude de ley más que evidente.

SECCIONES NUMERO REVISTA FUERZA NUEVA NÚMERO 1.433

Piedras de toque

Los sospechosos “misterios” del PP

Por Luis F. Villamea

Documento

Desembarco en Alhucemas (1):

Francisco Franco en Marruecos

Por Eduardo Palomar Baró

Tema denuncia

Sin tapujos y con todas sus letras:

Comunicado final del Plan Ahora en Chile

Por Redacción

 La Iglesia y su tiempo

Desde la razón y desde la fe revelada: El único reinado

Por Jesús Calvo Pérez

Internacional

Nadie lo esperaba:

Putin libera a Jodorkosvski

Por Arturo de Sienes

 Libros

Se han cumplido 77 años de su martirio en Barcelona:

Don Juan Carmelo Peláez González

Por Javier de Martín

 

 

Editorial Fuerza Nueva, nº 1432

En este especial sobre Carrero Blanco se publican varios trabajos, entre ellos, uno de Blas Piñar sobre el almirante asesinado que se extrae de su libro Escrito para la Historia, en su primer tomo, y que, con datos de primera mano, refleja la trama que durante los propios tiempos de Franco inquietaban al que fuera presidente del Gobierno español, y que más tarde culminaron en una Transición que significó la ruptura con el régimen del 18 de Julio.

 

A 40 años del asesinato de Carrero Blanco…

Lo mató la Transición… y los que la impulsaron

Después de lo visto y oído tras cuatro décadas, el tiempo ha dado suficiente cuenta de qué o quiénes mataron a Luis Carrero Blanco, cuando éste era presidente del Gobierno. El quiénes es de sobra conocido: un grupo bien organizado de ETA que actuó con impunidad en medio de un cúmulo de complicidades. El qué, los que ya desde antes del magnicidio estaban operando para  que esto sucediese: las estructuras del propio régimen, empapado, por unas causas u otras, de enemigos del almirante. ETA no hizo otra cosa más que ejecutar algo que estaba cociéndose en todos aquellos que hablaban o escribían sobre el “más allá de Franco”.

Porque había por aquellas fechas una especie de magma en las instituciones, en las personas o personalidades del régimen, en la oposición del exterior y del interior, y hasta en los periódicos y articulistas más destacados, que ponía su objetivo en la cabeza de Carrero Blanco. Y digo en su cabeza porque aquel marino, leal al Caudillo siempre, poseía la suficiente garantía cerebral, adquirida en su preparación política de tantos años, para sacar adelante aquella nave. No así los demás, como después se demostró, que encerraron en los muros de su carcasa intelectual, en sus egoísmos personales y en su torpe visión, el destino futuro del sucesor de Franco y de la propia España como nación. Pero Carrero, como Franco, erraron -ambos- sólo en sus previsiones sobre la fidelidad del sucesor del jefe del Estado a título de Rey, que ambos también protegieron en todo momento a brazo partido para que fuese él y no otro -aunque los hubo- el candidato a la nueva Corona, que nada, en la ley, tenía que ver con la anterior, perdida por augusta voluntad en Cartagena en 1931. Otra cosa fueron los hechos.

Esa especie de magma

Ya entonces el cardenal de Madrid amparaba y protegía a los curas y asociaciones comunistas, y cuando el almirante se lo reprochaba lo hacía desde su fidelidad a la Iglesia, a cuyo seno se enorgullecía de pertenecer. Y cuando Blas Piñar -lo leemos en este mismo número- en un pleno del Consejo Nacional del Movimiento le hablaba de la infidelidad de quien representaba a la cúpula del Ejército, el propio almirante le preguntaba acerca de si se refería al teniente general Díez-Alegría, quien era ni más ni menos el jefe del Estado Mayor de dicho Ejército. Pero lo que no sabía el entonces presidente es que ese príncipe de la Milicia no obedecía órdenes de su Gobierno, sino de quien preparaba el “más allá de Franco”.

Luego se dieron una serie de causas que añadieron más morbo al asunto. Carlos Arias era el ministro del Interior el día que asesinaron al presidente de su Gobierno, cuando se comprobó que la seguridad de éste era poco menos que un páramo para la actuación de los pistoleros. Y no obstante se le nombra sucesor aun conociéndose sus antecedentes en el SIPM nacional, en la clandestinidad del Madrid rojo, junto a Gutiérrez Mellado y otros militares que ya entonces, 1941, fueron procesados por su actuación en tiempos de guerra, y que despertaron la sospecha más que fundada del propio Franco y de la Armada, a la que el almirante pertenecía. Torcuato Fernández-Miranda se quedó a la puerta, mientras aguardaba su momento junto al que fuera su alumno: el sucesor de Franco.

Suárez aún estaba callado, pero expectante, pegándose al almirante en sus veraneos en Campoamor para escalar en su carrera política, intentando ganarse, mediante el halago y la simpatía personal, un puesto en el “más allá de Franco”, que el ex falangista de Ávila sabía que formaba parte del futuro, centrado en un Carrero Blanco con poderes y con talento para sacar el barco del torbellino que se avecinaba. Cuando cayó el marino, él todavía proclamaba que había que cerrar el régimen con las siete llaves del Cid. Salió del armario cuando el futuro Rey decidió que él iba a ser, precisamente, el timonel de la nueva singladura, dejando, en cosa de días, las vergüenzas de sus declaraciones y lealtades a la más pura, cruda y salvaje intemperie.

La primera Transición

Luego vino ese periodo entre el 20 de diciembre de 1973 y el 20 de noviembre de 1975, en el que Carlos Arias, asesorado por los Gabriel Cisneros de turno, proclamó el “espíritu del 12 de febrero”, que algunos calificaron de espiritismo, y que fue el anticipo de lo que habría de venir más tarde. Era un esbozo, un bosquejo, del proyecto de Transición que imaginaba el antiguo agente del servicio de información y policía militar de Franco, fulminado, como presidente del Gobierno de sucesión, por el futuro motor del “más allá de Franco”. Sus planes eran muy diferentes. No contó con él, pero sí con sus antiguos camaradas, como Gutiérrez Mellado, aquel que legalizó un Sábado Santo el Partido Comunista de Carrillo cuando antes ponía y sacaba del paredón a sus mejores representantes, entre ellos a las famosas Trece Rosas.

Mientras, los comunistas, en colaboración con ETA, exactamente igual que cuando asesinaron al almirante, hacían saltar por los aires a los policías de la calle del Correo de Madrid, junto a la Dirección General de Seguridad. Y poco después el servicio de información que había creado Carrero organizaba el futuro del Partido Socialista en Suresnes, con un “Isidoro” que más tarde dirigiría un partido que colaboró abiertamente con los que mataron a Carrero, aunque después se arrepintiese y los mandase al infierno envueltos en cal viva. Y tuvo que ser un comando de la Marina, por su cuenta, el que vengase la muerte de uno de los suyos abatiendo en las calles del sur de Francia al archifamoso “Argala”, cabeza del atentado de la calle Claudio Coello, otro 20 de diciembre, cinco años después.

Al final, todos sabemos lo que pasó: un dardo en el corazón y en la cabeza del régimen, invadido por políticos desleales, militares vencedores transformados en vencidos y curas pérfidos y  desagradecidos que han puesto a España, hoy, a los pies de los caballos y cada día más sumergida en el mundo de la pobreza y del hambre. El “Sueño” de Juan de la Cosa se realizó, en medio de la risa metálica de aquel hombrecillo que parecía festejar la visita de Henry Kissinger y que hacía dirigir la mirada a Fuenteovejuna: ¿Quién mató al Comendador? ¡Fuenteovejuna, señor! ¿Y quién es Fuenteovejuna? ¡Todos a una, señor!

 

 

 

 

Revista Fuerza Nueva, nº 1432

 

Portadilla 1432

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SECCIONES NUMERO REVISTA FUERZA NUEVA NÚMERO 1.432

Documento

Carrero Blanco  y nosotros

Por Blas Piñar

Opinión

La manipulaciónpolítica a la que nos someten no tiene límites

Por Alfonso Martínez Rodríguez

20-N 2013

Plaza de Oriente: “Referendum para mutilar a España ¡no!” (Blas Piñar)

Por Redacción

Panorama

A la alcaldesa de Madrid le ha tocado bailar con la más fea: La huelga

Por Von Thies

Testimonio

Las cosas, en su sitio:La verdad sobre el capitán Priebke

Por Juan Pons Rovira

Pluma ajena

El nuevo dios en el olimpo mundialista: Mandela

Por Armando Robles