Entre el rescate y la entrega

Después del patriotismo del fútbol, que bendito sea Dios si sirviera para unir a los españoles, viene la prosa diaria de ver a una España en sublime postración. La Unión Europea se deshace porque se construyó sobre ideales absolutamente opuestos a los que hoy rigen en Bruselas y Estrasburgo, centrados en la fécula del dinero y no en el ideal civilizador. Aquellos padres de la Europa del siglo XX aspiraban a situar al continente en la órbita del cristianismo. Pero la sucesión de poderes en los órganos directivos del proyecto fueron dando paso a una mezcla de sincretismo religioso y protagonismo financiero. La Cruz dio paso al Becerro.

Con estos mimbres hemos llegado a nuestros días, donde se ha conseguido que la congoja y el miedo al futuro aflijan a la sociedad española, más cerca de una economía de guerra que de la situación desahogada que debía haber proporcionado décadas de sacrificio y bien hacer mediante la aprobación de leyes que iban dirigidas a sectores vitales de la nación, como pudieron ser el trabajo, la sanidad y la educación. La prisa por estar en una determinada manera de entender Europa, el diletantismo político de sectores intelectuales fracasados y obtusos, el arrobamiento estúpido por formar parte de un Club de adelantados de la industria y el comercio sin tener la preparación y la oportunidad para alcanzar sus niveles, fue la causa primera de la situación que hoy padecemos. Europa sí, pero no así.

Pero la situación económica española, que el Premio Nobel de Economía Paul Krugman ha pronosticado como de futuro “corralito”, no sólo es desastrosa en lo económico, sino en otros factores tal vez más importantes y capitales para un  pueblo que aspira a vivir con dignidad. La pérdida de soberanía se establece desde el mismo instante en que el tesoro no es administrado por el propio Estado, sino por un Banco de ámbito general europeo. Pero la imposición económica conlleva también otras, que afectan a un modo de vida que secularmente ha caracterizado el comportamiento de una sociedad, y ahí inciden asuntos tan importantes como la soberanía sobre el propio territorio -caso de Gibraltar- o lo relacionado con la Cultura de la Muerte, caso del aborto o la eutanasia.

Es decir, el rescate se produce para dar solución al problema dinerario de los bancos en igual medida que en proveer a los españoles de medios para impedir la vida humana, para cercenarla en caso de agotamiento previsible, o en establecer conductos adecuados, legislativos o fiscales, a fin de conseguir ocio a costa de la salud física o moral de los habitantes de un país, caso de Eurovegas y de muchos otros que ensucian, por muy higiénico y colorista que lo pinten, el panorama nacional. Se trata de levantar un templo al liberalismo en todos sus órdenes: religioso, político y financiero. En una palabra, destruir el tejido social, y, bajo el paraguas de crear oportunidades de trabajo, incidir en el plano más pernicioso para la juventud española.

Después nos encontramos con otro asunto sin cerrar. Es lo relacionado con el terrorismo, que a pesar de encontrarse actualmente en fase de sordina, no deja de mantener el silenciador unido a la pistola. Las recientes legalizaciones de los partidos abertzales, que, si bien contaron en principio con la condena de Estrasburgo, hoy buscan razones, en esas mismas instancias, para que sean entendidos de otra manera, amenazan con entregar España por dentro, que no por fuera -volvemos a insistir en el caso de Gibraltar-, con el concurso de instituciones -diputaciones y ayuntamientos- que ya se encuentran en poder de los que odian a España y no cejarán hasta sacrificarla mediante cualquier técnica de matarife. No se pueden condenar las causas y exaltar las consecuencias, que es lo que se está haciendo actualmente en los gabinetes europeos, cautivos de ese liberalismo embriagador que pone a las naciones y a los inocentes a los pies de los caballos.

Por todo ello va siendo hora de cerrar filas en torno a quienes se están dejando la vida por unir a España, a sus seres y a sus tierras; están luchando por defender la vida desde el mismo instante de la concepción; quieren acabar con el imposible histórico, político y económico de las autonomías; reivindican la soberanía española sobre Gibraltar sin ambages, combaten el mamarracho artístico y la blasfemia, y luchan porque la economía esté al servicio del hombre y no al revés. Parece, con las perspectivas que conocemos, algo difícil de conseguir, pero, al menos en esta revista, creemos en el milagro, aunque para conseguirlo, también lo sabemos, hay que merecerlo. En ese empeño debemos y queremos continuar.

Publicada en la Revista Fuerza Nueva nº 1413 .

 

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