Pretensiones de pistoleros y cómplices… ¿Víctimas equiparables?

El proceso sangriento del moderno pistolerismo en España ha dejado no una, sino muchas Semanas Trágicas. Desde 1968 la ideología de Ferrer y Guardia en su día -Sangre por Educación fue el enunciado- quedó configurada por el de Sangre por Territorios. El principio argumental de Ferrer quedó ahogado no por la represión, como tanto se ha escrito, sino por el humo, que al final es en lo que se convirtió su proyecto. Pero si en 1968 todavía pudo existir un ánimo de defensa de la nación española bullendo en las instituciones, en 2012, no.

ETA salió de un seminario sostenida por  cachorros del PNV, el partido de Sabino de Arana y Goiri. Su hermano Luis tuvo tanto o más protagonismo que éste, y los dos procedían de la vieja burguesía industrial vasca. Le quitaron el polvo y las telarañas a un idioma ancestral, por lo que fueron bendecidos por Unamuno, pero formularon un ideario que, francamente, no era propio de cristianos viejos como ellos. Miraron su ombligo racial con tanta insistencia que se quedaron ciegos al contemplar el valor de su obra. Y echaron a andar.

 

A la espera de la ocasión

Esto se tradujo en elegir una situación ideal. Con el régimen de Franco en plenitud fue imposible, porque aquel general, además de ganar clamorosamente una guerra -con la contribución de muchos vascos- impuso un sistema sin claudicaciones en asuntos de unidad. No le gustaba la desunión, porque siempre entendió que ahí radicaba la derrota. Ya lo dijo durante la República: “La causa de la guerra vino con la fragmentación del Ejército”. Y de ese principio hizo toda una teoría política. Los cachorros del PNV esperaron pacientes hasta que ese régimen se debilitase, la Iglesia claudicara en sus principios morales -especialmente la que ellos consideraban “suya”- apoyándoles sin fisuras, y el régimen del 18 de Julio de 1936 se fuese acercando al del 6 de Diciembre de 1978, donde todos los gatos, los de antaño y los de hogaño, fueron pardos porque se consiguió la unidad genética para establecer la dispersión política y moral.

Hoy, a los 200 años de la Constitución de Cádiz, se repiten los mismos sonidos: mientras con sangre y sacrificio infinitos se combate, se vence y se expulsa al enemigo extranjero, con alegría propia de la chirigota popular nos acogemos a sus ideas, que fueron en gran medida la causa de la invasión. Se exalta por un lado a un parlamento que en la iglesia de San Felipe Neri establece el fin del Santo Oficio y la libertad de imprenta, y se condena por otro la invasión que nos ha traído esas ideas; se glorifica a Riego, un general que con las tropas que le dan para sofocar la insurrección americana monta un golpe de Estado en la península, y se condena y se aparta a la dinastía que ama la tradición española frente a los reyes felones que ante un Napoleón anonadado producen un espectáculo lamentable.

Vivimos por ello trasuntos parecidos. La sangre vertida en España por las víctimas inocentes de este proceso de cerca de 50 años ha llegado a un punto en que se mezcla con los daños que han sufrido los pistoleros en cárcel, o incluso en sangre. Y se equipara. Es como aquel miliciano  que resultó herido, y después muerto, al explotarle en sus manos un arma de guerra cuando intentaba asesinar a una monja. La familia pretendió cobrar sus derechos como víctima del franquismo. Ahora ocurre algo parecido: pretenden establecer, con el objetivo final del borrón y cuenta nueva, una similitud entre acción y represión, considerando iguales al pistolero que hace volar por los aires a una embarazada en un aparcamiento, y lo consigue, que a él mismo cuando por torpeza en la colocación del explosivo pierde la vida en su empeño terrorista.

 

El ansia de falsa paz

Una vez que ETA ha conseguido mandar en la Diputación de Guipúzcoa el panorama cambia sustancialmente. Dicen que no tiene dinero, que es algo parecido a manifestar que ya no lo tiene procedente de extorsiones, atracos, secuestros o impuestos a punta de pistola, pero negando una realidad: tiene todo lo que necesite en las arcas públicas. Y de éste nadie le va a reclamar nada, porque será inmediatamente fulminado a golpe de amenaza, vía imprenta o vía parabelum. Lo malo de esto es que al no ver muertos por la calle, o durante una partida de mus en un restaurante, nos creemos que la paz está llegando. Y todavía peor es que se lo creen los políticos vascos de “derechas”, que han creado un estado de desesperación en víctimas y familiares de víctimas que promueve, sin necesidad de pretenderlo, auténtico desgarro en sus entrañas, hasta el punto de llegar a la ruptura y al “ya no podemos más”. Así lo manifiestan, tras un sufrimiento ilimitado, María San Gil y la viuda de Gregorio Ordóñez ante su tumba.

El PP vasco entra poco a poco en la dinámica de los presos -acercamiento y reinserción- haciendo ensayos mediáticos para conocer el grado de aceptación de las víctimas que están asociadas y organizadas. Por ese aro no entra Alcáraz, antiguo presidente de la AVT, ni tampoco la actual presidenta. A los que se van sumando otros afectados por el terrorismo que van notando cómo poco a poco todos queremos ser iguales, equiparando situaciones, sufrimientos y estragos familiares. Hoy hablamos de Nanclares y de presos arrepentidos; mañana de una simple firma rubricando la condena de la “violencia”, y pasado mañana de un proyecto de inserción social a través de la Universidad y de un grupo de intelectuales vascos comprometidos con la “paz”-no sabemos si se refieren a la de los cementerios de los que allí descansan para siempre por el delito de ser españoles, y que pasan del millar-.

Rajoy parece amigo de no remover mucho estos temas, a ver si con el tiempo se van olvidando al no percibir en los oídos diariamente el sonido aterrador de la pólvora. Pero los seres humanos tienen memoria, y mucho más anclada en el presente sus antiguos compañeros de partido, que sufrieron el zarpazo de los pistoleros y los desplantes y desatenciones políticas de los suyos. Y cuando hay tanta sangre por medio es muy difícil olvidar afrentas, y mucho menos heridas del alma.

Luís Fernández -Villamea

Artículo publicado en la Revista Fuerza Nueva. Nº1412

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