“Hipócritas” Blas Piñar


  • Los que se amedrentan y atemorizan ante las explo­siones termonucleares por vía de ensayo, y no tu­vieron escrúpulos para lanzar la primera bomba atómica sobre los seres indefensos de Hiroshima;
  • los que condenaron al fuego hombres y ciudades y en Nüremberg se erigieron en jueces de los criminales de guerra;
  • los que hoy, pusilánimes y temblorosos, llaman la atención sobre el peligro comunista y se aliaron con el comunismo en­tregándole como botín patrias y culturas;
  • los que alardean, vocingleros, de anticomunistas y, en el fondo, buscan anhelantes una fórmula de coexistencia que les permita vivir tranquilos, aunque millones de hombres conti­núen gimiendo como esclavos;
  • los que firman alianzas y establecen bases estratégicas de carácter militar en países a los que llaman amigos, y luego los abandonan indiferentes y mudos cuando estos países se encuentran en el momento difícil;
  • los que incitan a la lucha por la libertad movilizando vo­luntades con espíritu de sacrificio, y después, iniciada la lu­cha, permanecen impasibles ante la represión brutal del enemigo;
  • los que hicieron su historia y su grandeza volando buques y atribuyendo culpas para justificar la intervención armada en beneficio propio, y ahora se escandalizan de sus mejores discípulos;
  • los que hablan de libertad de pensamiento y de libertad de prensa, y de un modo sistemático, y con arreglo a prejuicios irreformables, ahogan ciertas noticias, las desfiguran o las in­ventan, y en vez de una censura inspirada, aunque cometa errores, en el bien común, crean tantas censuras solapadas y clandestinas como intereses sectarios o grupos de presión eco­nómica y política;
  • los que presumen de anticolonialistas, y al exigir la inde­pendencia y la autodeterminación de los pueblos subdesarrollados, pretenden uncirlos al yugo de una total dependencia económica;
  • los que quisieron o toleraron la división de Berlín, de Ale­mania, de Corea y del Vietnam, y se rasgan las vestiduras y atropellan el derecho por la división del Congo;
  • los que facilitaron armas, brindaron aliento y proporcio­naron la mayor propagando gratuita a Fidel Castro, y se es­tremecen ante los horrores del sistema y, lo que es más gra­ve, ante su enorme fuerza de contagio;
  • los que mantienen relaciones diplomáticas con las nacio­nes ocultas tras el telón de acero o el telón de bambú, y pa­talean si otros gobiernos de la órbita occidental aspiran a se­guir su ejemplo;
  • los que juegan a mantener gobiernos liberales sin apoyo popular auténtico y sin obra social entre las manos a sa­biendas de su enorme debilidad para oponerse al mar­xismo;
  • los que ofrecen millones en concepto de ayuda generosa, y abonan precios de hambre por la riqueza obtenida en los paí­ses a los cuales la ayuda se ofrece;
  • los que predican los derechos del hombre y, sin embargo, le arrancan el derecho a la vida al impedir los movimientosmigratorios, condenar al hambre a millones de ciudadanos y estimular sin preocupaciones morales el control de los naci­mientos y el aborto;
  • los que hablan de democracia, de sufragio universal y de un hombre, un voto, y después condicionan el voto al pago de un impuesto, para evitar el voto de los negros pobres, o al conocimiento del inglés, para evitar el voto de los ciuda­danos de raíz cultural distinta;
  • los que exigen el respeto a las minorías, y ahogan con há­bil y paciente terquedad a las que existen dentro de las pro­pias fronteras;
  • los que mientras favorecen las llamadas reivindicaciones territoriales de otras naciones mantienen con orgullo colonias inútiles en países soberanos;
  • los que hacen del pacifismo y de la no violencia adagio y norma de conducta, y usan la fuerza cuando así lo conside­ran oportuno;
  • los que a un tiempo atropellan al débil y observan una ac­titud de cobarde respeto frente al vecino poderoso que los ofende;
  • los que se dicen defensores ardientes del mundo occiden­tal, y abren, negociando a espaldas de Occidente, un portillo por el cual un río de divisas occidentales contribuye a aumen­tar la fuerza del comunismo;
  • los que nos ofrecen su amistad y, a estas alturas y refirién­dose al descubrimiento de América se atreven a escribir con carácter oficial: «Itwas no accidentthatthevoyageswhichledtothediscovery of AmericawereledbyanItalian. Ita- lian seamanship was supreme. The cxploration of the Wes­tern Hemispherc was a dircct result of the inquiring mind of 15th century Italy», desconociendo y despreciandoasí la obra de España;
  • los que eluden el vocablo Hispanoamérica y no estarían dispuestos a consentir que se hablase de Africa latina;
  • los que lisonjean al llamado catolicismo liberal y progre­sista, y buscando su colaboración y ayuda bajo el tema de comprensión, diálogo y caridad acaban, cuando triunfan, per­siguiendo y aniquilando a la Iglesia de Cristo.
  • Pero nada es tan oculto que no se haya de manifestar, ni tan secreto que al fin no se sepa (San Lucas, XII, 2).
  • En estos años hemos aprendido muchas cosas, tantas y tan graves, que a nuestros hermanos podemos repetir aquello de Cristo: «Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.»

Blas PiñarABC, 19 de enero de 1962

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